El corazón nunca respondió

Mis ojos te encontraron.

Mis oídos aprendieron tu voz.

Mis manos reconocieron tu forma.

Mi olfato guardó tu aroma.

Y mis labios conocieron los tuyos.

Todo parecía suceder.

Hasta que comprendí lo único que faltaba.

Nunca le pregunté a mi corazón.

Asumí que caminaba detrás de mí,

cuando en realidad

nunca dio el primer paso.

No había cimientos.

Solo el vértigo

de creer que el vacío podía parecerse al amor.

Ahora entiendo

que no eras tú.

Era mi necesidad

disfrazándose de destino.

Quería sentirme elegido.

Importante.

Quería creer

que la vida, por fin,

venía a devolverme

lo que tantas veces imaginé perdido.

Pero la ilusión

también sabe pronunciar nombres

que nunca le pertenecen.

Hoy me despido

sin reproches.

Porque el amor verdadero

no necesita convencer al corazón.

Solo llegar.