A veces pienso en nuestra juventud y me pregunto qué cambiaríamos si pudiéramos volver atrás y tomar nuevamente aquellas decisiones, pero con la claridad y la paz que hoy nos han dado los años. Quizás cambiaríamos algunas relaciones, algunas palabras, algunas oportunidades que dejamos pasar y tal vez también algunas decisiones que tomamos desde el miedo, la necesidad de aceptación, el orgullo, la impulsividad o simplemente desde la falta de experiencia. Pero quizá lo más interesante es que no necesariamente cambiaríamos las decisiones, sino la manera en que las tomaríamos. Cuando somos jóvenes tenemos energía, sueños y muchas posibilidades, pero todavía estamos aprendiendo a conocernos y a entender la vida. Hoy sabemos que no todo lo que parece urgente merece nuestra energía, que no todas las personas que llegan deben quedarse, que no todas las batallas vale la pena pelearlas y que muchas veces la mejor decisión no es la que más nos emociona, sino la que nos permite vivir en paz. No podemos regresar para vivir nuevamente nuestra juventud, pero sí podemos utilizar la claridad que nos dieron los años para tomar mejores decisiones hoy. Porque quizás la juventud nos dio la oportunidad de vivir intensamente, pero los años nos están dando algo todavía más valioso: “la capacidad de elegir cómo queremos seguir viviendo.”
Si pudiéramos volver a vivir nuestra juventud.

