La madurez es sabiduría

«La madurez también consiste en saber cuándo acercarse y cuándo mantener cierta distancia.» 

No todo lo que amamos en la vida está destinado a permanecer para siempre. Nada es eterno. A veces, quedarse por costumbre, por miedo a perder o por no aceptar que algo ha cambiado, termina dañando aquello que alguna vez fue importante. Madurar también es reconocer cuándo una relación, una etapa, una conversación o incluso una situación ha llegado a un punto en el que lo más sano no es insistir, sino saber dar un paso atrás. Retirarse no siempre significa rendirse. Muchas veces significa comprender que ya hicimos lo que estaba en nuestras manos y que seguir intentando solo puede convertir el cariño en desgaste, la cercanía en conflicto o el recuerdo en resentimiento. Hay momentos en los que irse no es abandonar; es cuidar. Cuidarse a uno mismo, respetar al otro y permitir que aquello que fue valioso conserve, al menos, una parte de su dignidad. Porque también hay sabiduría en saber cuándo dejar de luchar por algo, antes de que aquello que alguna vez nos hizo bien termine haciéndonos daño.